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De paz. Noche.De Paz. Noche.
De pronto termina tu estadía por Veracruz y esa palabra con la v y la cruz forman a tus labios de ese sonido. En función de tu voz: Veracruz. De pronto vuelves del puerto. Y cuando dices Veracruz, o sigo acá en Veracruz oigo también lo que ves, las olas, tu cuarto de hotel, el lugar en que comes, la arena, la playa. A ti, oigo a tus pasos.
Tu llegada me perturba. Digámoslo así: sale a colación en las partidas del tarot, tu carta; pregunto por ti, por si vienes. Me angustia pensar que llegas hoy. A veces se sabe cuando la luna está llena por la luz que recorre las telas, las plantas, las sillas. En la mañana arranqué la hoja del calendario y una ilustración anunció la luna llena en el número 21 de diciembre. El cielo no lo vi con su luna, sólo en papel. El gato mira por mí. La otra noche hablaban de las cara de la luna y no entendí. Me callé. Porque no la he visto nunca, a mí me asusta verla.
Pensar que llegues es una historia de amor terrible. Por ti, por la luna llena, y la arena que aun traes, en los zapatos, en la ropa, el cuerpo. No sé, déjame seguirte pensando batido en arena.
Como escritor aficionado nada más, uno puede darse el gusto de caer en cualquier tipo de lugares: comunes y corrientes, nombres de restaurantes, de calles, de casas que ya han demolido, podemos decir el nombre del vips que ya tiraron. Podemos decir Sanborns como podemos escribir Guadalupe. Podemos recordar esas calles y decir sus nombres, podemos decir de lugares y de cualquier cosa, cualquier marca de perfume, cualquier marca de auto, cualquier camisa de hombre, cualquier talla de pantalón, cualquier hombre orinando la esquina, podemos jodemos, acordarnos de ti. Podemos ponernos como queramos y hacer historias de personas que regresan de viajes gastronómicos por Veracruz, por quince días o más. Por la afición nada más.
La otra tarde me senté aquí a hablar del golpe que implicaba nacer en diciembre, le escribí al Gladis que me parecía ñoño y burdo nacer en diciembre, por tener que festejar junto al árbol: siempre lo mismo, le dije, todos mis cumpleaños rodeado de esferas y listones, de decoraciones exageradas, como yo y mis deseos. Como yo en la cama. Como diciembre, navidad. Las mañanitas, la luna ya se metió. No, todavía no, sigue fuera y tú no llamas. Tampoco llamaste el día de mi cumpleaños y me dijo Yomi: segurito al menos te pensó, todo el día te pensó. Le hubiera sido más fácil llamarte y deshacerse del recuerdo de tu día, de ti.
Ayer antes de dormir pensé que volvías, soñé lo mismo. La gente empieza a irse en diciembre. La ciudad se va a dormir muda. Este año, allá han puesto una pista grande. De hielo y no sé si es cuadrada o rectangular y el Gladis todavía me pregunta que si en México hacía mucho frío o qué, porque allá en Italia el frío muy fuerte, muy blanco.
Hoy regresas. Tengo muchos cajones sucios, que sacar y acomodar. Regué las plantas, y jugué con el gato. Salí a comer en la avenida de enfrente, la del camellón y palmeras, a la calle. Volví a tomar café y a intentar leerlo. Peleé en el teléfono un rato, el horóscopo y mi cama. Y a dormir.
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