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日志


Con fe sé.

 

Hoy voy a decir que cada vez que paso por un lugar en el que tú y yo estuvimos, te recuerdo. Como es lógico, no he dejado de ver olores en una nube perezosa. A veces recuerdo tu cara de sorpresa y de coraje. Otras, cuando viajo en mi carro y paso sobre un extractor de aire del metro, recuerdo tus recomendaciones, siempre dijiste que pasar las llantas del auto sobre eso, era como pasar un queso blanco sobre el rayador, en cuanto alguien menciona al chile chipotle, recuerdo tu exactitud para nombrar ese encanto del picante, que debe enchilar sin causar molestia alguna. Otras veces miro una lamparita de luz para leer libros que me regalaste, y también siento que el tiempo vomita un poco de su pasado para dejarme ver una fruta que ya madura, volvió a ser semilla tierna, antes de cualquier consomé, de cualquier guiso, de cualquier poción, existió un grano de sal, un ser vivo, un tubérculo, la tierra, el agua. Mi gata se sube en mi pecho y ambos sentimos una  vibración, la minina lanza un ronrroneo, y mi pecho un respiro de alergia que incita a refrescar.

Mi casa tiene un registro de tus huellas puestas, pero mi madre cambió el piso, y la alfombra que tú pisaste está en casa del portero. Hago como si tomara el cuello de un cisne, y entonces pienso que para la locura quizá nunca habrá fin. Pero para esto, para ti, lo hay. No se escribe en tinta, ni con la simple unión de tres letras infelices, se lubrica en cada intento de regresar el tiempo, de quebrar en un disparo las horas, y sentir que vuelvo a tener sobre el mío, un pecho habitado por la  vida de tus venas. Este es un final diferente, sin telones bajando, ni pantallas oscureciendo, este es un final con reivindicaciones, de fantasías con olor a timbre oxidado, es una voz puesta en una garganta equivocada, es un simple intento por resucitar lo que murió en los méritos más sinceros de nuestros haberes, de nuestros quizás, de la poca habilidad que ambos tenemos para los números, de mi falta de cordura en un volante, de un papalote elaborado de listones y mariposas, soy un hombre a medias, en la mitad de mi vida, con la mitad de los años que faltan para ponerle firma a ese retrato de óleo que no podré terminar, mi idea contigo son los negativos velados de la mejor de las fiestas, porque no puede existir amor en un  tiempo equivocado. Hoy huele a tu nacimiento, y mañana olerá al polen de tu despedida. Hoy tengo una gata blanca, un piso de madera, y contados en el techo los autorretratos de una vida que desea sentir huecos en  el exterior de tu superficie. Parecías tan de verdad, que por mentiras construí un rinconcito en mi habitación, donde me siento bajo el sol y siento que el año apenas empezó, y que tú llevas mucho de haberte ido. Sigo siendo hijo único, el menor de 17 nietos, el amigo de mis amigos, el corazón de una niña llamada Ximena, los respiros de guías ciegos que creen en la vista mágica de un anillo que cae del dedo, de un delirio farmacéutico, del tiempo de cambiar de disfraz, pero yo sigo en la misma ruta, por la misma calle, sin la misma religión, dispuesto a morder los anzuelos que sean amnesia de ti, de mí, de nosotros. En la búsqueda de un adiós que no requiera despedidas, ni abrazos, no hasta pronto, en la muerte de lo que en algún momento te atreverás a llamar, de los dos.

 

Los ojos de mi gata, son más ojos o más de gata por las noches, cuando sus pupilas son un pergamino abierto, negro y confuso. Ahora que ya no es febrero me siento con más fuerzas para decir que es marzo, y que tu cumpleaños pasó como pasarán los que vengan, fue como una aguja rascando el resto de mi día, sin hacer una puntada, haciendo sólo los agujeritos que son mis poros vueltos a abrir. Ya no hay certezas, hay un olor a gris, y una mano que suda sin tener contacto con otra, hay un hombre en el trapecio, y la voz de un niño invitándome a volver.