Abraham 的个人资料Responde al nombre de se...照片日志列表 工具 帮助

日志


Vientos venideros.

Uno llega a su casa. Dos llegué a la mía, y me quité los zapatos como un accidente que nunca quise causar. De la ventana no se ve rastro de estación alguna. Podría decirse que estamos en todas y en ninguna. Porque todo es de un color que no se da ni en primavera, aunque de vez en vez, como odiando la edificación imperfecta del asfalto, el sol lanza con potencia rayitos ya vividos. Es verano, cuando el viento huele fresco, y menea las hojas, por momentos sucede así, y parece que las nubes se cortarán en pedazos de líquido. Cuando creo que es otoño, miro debajo, y la hojarasca. Esa que está ahí, alfombrando con olores ahogados un  suelo de concreto. Pero el frío, dice que es invierno, y la gente con árboles navideños sobre sus autos. Me siento, y me siento confundido. Con un deseo eterno por seguir bebiendo, o fumando, o pensando en mi necesaria esterilidad.

Cuando el 05 terminaba, mi padre fue a que le echaran las cartas. O eso me contó. -Este año crecerás mucho, hijo. Lo recuerdo y no alcanzo a ver si era amenaza o aliento. No lo sé. Pienso que antes me gustaba diciembre, por su villancicos, por su aroma, y sus luces, por los regalos que nunca recibí. A los quince, los años empezaron a correr muy a prisa. Desde entonces a hoy, cada diciembre es lo mismo. Este año pasó volando, digo a todos, y todos asienten.

Una buena señal fue recibir el 06  en casa de la famosísima Jefa, todos la recordarán con alegría. Ebrio, en el suelo cantando las canciones que no me dedicaron, pero que si me quisieran, me dedicarían. Era Sharkira, en sus tiempos pre peróxido. Y era yo tirado en mis tiempos de amorío. Él vestía con un suéter rojo, en espera de conocer a la mujer de sus sueños, aunque fuera en sueños, como él mismo dice. La jefa, en su chamarra negra, y yo traía mi bello abrigo.

En enero, sí, fue en enero que me drogué a muerte. A pedir de pulmón, a pedir de mota. La casa era blanca, y una alberca abajo, albergante dadora de aquellos. Los que solía llamar mis ellos, y mis ellas. Y él, mi él. Mi nada.

Había terminado todo, antes de la llegada de los Reyes. Tres llegaban, pero uno se iba. Se trata de un rey tirano, malo porque quise verlo así. Con ojos profundos, y pestañas salidas. Un raro afortunado en el amor, y en el juego. Yo nunca fui bueno en las cartas, y en el amor. ¿El amor? Pero en fin, se había terminado y con eso, una máscara que fue pesada para la cara. Todos lo sabían, él no. Nunca lo supo, se enteró después. No dejé de drogarme, lo hacía toda vez que tenía oportunidad. Porque me sentía niño de nuevo, porque era el momento. Porque es la mejor.

 

Sanborn’s nunca cambia. Las estaciones son cuestión de artificios, de coronas navideñas, o calaveras de cartón, u ofertas. Pero fue en 1903. Hoy sólo quiero beberme los desvelos, limpiarme las lagañas y cantar lo que yo me dedico, cantar Cher, cantar believe. Comer pizza, colgar y descolgar la bufanda, hacerme el propósito de no hacer ningún propósito y actuar sólo con las uñas, entrañas. Con todo lo que tenga eñe. Y decirle al amor que si me ha deformado con sus constantes cachetaditas, no le voy a dar la vuelta. No voy a decir veneno, no culparé a Cristo de lo que yo hice. Ni a Satán de lo que él hizo. Hoy la bola rueda, y la lámpara se apaga. Y el 2007. Y yo, hemos pactado