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日志


Secuestro Express.

Se me perdió un texto en el que hablaba con ahínco y admiración a mí mismo; de las labores hogareñas que me han ido dibujando en la cara registros de estados de ánimo que recaen sobre todo en la noche, cuando me encierro a fumar en silencio o creerme cantante.  Se me ha perdido ese texto que califiqué de fresco y brillante pues me detenía a puntualizar lo que ha sido mi vida de un tiempo para acá, con ese recurso que tanto gusto me hace sentir al describirlo de una u otra manera, decir más de la cuenta, inventar un poco, decorar las letras para hacer saltar, correr, frenar, en fin, serle más fiel a lo que siento en esta vida de vuelta a la casa, tras haber dejado la universidad, pero con ese intentadísimo aire místico. Pero el texto se perdió, y está este.

 

 Describía la alegría de ir al supermercado y no verme tan estúpido al escoger un jitomate tierno, o un aguacate maduro o un mango duro y carnoso. El texto había quedado bien porque con él hacía un esbozo informativo de lo que son mis mañanas, mis tardes y mis sol, edades. Mi gato y ellas, el teléfono y ella. Y ellos viniendo a casa, y yo saliendo en las mañanas con los perros, a la farmacia, al camellón, a la avenida.

 

En una parte del escrito, puntualizaba sobre la vida vista y vivida y doblada y dormida de esta nueva forma. No podré sentirme a gusto con este nuevo intento, en el que trato de recordar los puntos citados en el texto anterior, el original, que como dije antes me parecía precisamente más original y mejor hecho que el actual. En fin, a lo que quiero referirme es a esta nueva forma provista de grandes retos y que en teoría funciona de manera tan simple y llana, que nadie se detiene a pensar que verdaderamente puede ser difícil ir al mercado y no saber cómo escoger la verdura, ante la amenaza del marchante.

 

El otro texto tenía además un fin poético en el que describía mis labores con recursos de la retórica para hacerme sonar quizá un poco más sublime, y  lograr infundir en el lector una mirada de admiración a la labor de amo de casa. La poesía sirve para eso, para revalorar o valorar inicialmente un hecho, una cosa, un momento que podría pasar de forma insípida, para adornarla con el entretenido juego de palabras, y así crear una legitimación a aquello que es ordinario.

 

Creo que me aventuré a llamarlo como El amo que ama la casa de ama de casa. El efecto, por supuesto aquí resultará un tanto quizá, altisonante o un tanto ridículo, pero en el momento no lo era, porque en el momento era yo escribiendo desde una parte nociva, volátil.

 

Uso varias caras a la hora de escribir para encontrarme una en la que tenga suficiente comodidad, espacio. El tono del drama es como mi pluma, no podría desprenderme para hablar de manera más objetiva o racional, porque el drama siempre ha sido mi medio de expresión. Aun de niño, en la pubertad se vio limitado al llanto constante, y ya más madurito utilicé la poesía, mía o ajena para identificar estados de ánimo con los que podía decir y callar al mismo tiempo. Esa debe ser sin duda el arma por excelencia de cualquier obra o creación: la sutileza, la presencia misma de la pieza del artista avasalla y grita, pero  es un recurso un poco más de cobardía. Me aventuro demasiado en esto, en esto que digo pero no me importa, porque no me enteraré. Quizá haya de los que son valientes, y otros los que somos cobardes y acarreados por las labores hogareñas, tendemos a manifestar una conducta clandestina a nuestro propio credo.

 

 

En fin, yo nada más quería recuperar el texto poético en el que describía mis días tras la convincente decisión de querer vivir así durante mucho tiempo: entre paseos, lecturas, escribidillos, escapadas, cuidando a las plantas y a los perros, soñando cómo quiero que se vea mi librero cuando esté más viejo. Eso es lo que hice en el primer trabajo, pero lo hice con ese recurso que provoca la admiración de mi padre, la indiferencia de mis amigos, y la compasión de otros, y el gusto de los que están al pie de mi cama, haciéndole cosquillas a mis pies. La cuestión es que nunca me he tomado en serio, y por eso digo que quiero vivir en el hogar sin ahogarme, quiero nadar en mi propia casa. Delimitar los puntos cardinales hasta donde yo quiera más allá de mí. Y por ahora es todo. No tenía ninguna pretensión. Gracias.

 

Por cierto, si alguien sabe cómo puedo recuperar mi primer texto, agradeceré información. Dejé el programa para escribir abierto y se fue la luz, y no se recuperó.

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