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PolvorónJustificación... queridos seguidores y amigos, ustedes ya deben conocer, o haber oído hablar de Gina Halliwell. Considerada y asumida diva, mártir, la chica famosa del pelo negro. La propietaria y madre de la perrucha. La escandalosa chica-todo-me pasa. La de los ojos delineados, y los labios rojos, ella, Gina, o Gin-glam, o Bananina, como se le conoce en el bajo mudo. Ella, no necesito dar mayores presentaciones. La culpa es de ella nada más. Se darán cuenta que todo ocutubre la producción de este blog se fue al olvido, en fin, no hubiéron fotos, ni escritos, ni nada. Existe uno, el del Polvo... Gina me pidió que lo subiera, y nadie se puede negar al mandato de una chica como ella... ¿o quién es el valiente? Así que aquí les va este texto, que debe ser considerado como uno de esos regalos de "roperazo" Uno no sabe que regalar, y busca en el guardaropa algo que sirva... ¿servirá este?
A mi querida Gina, por su fuerza, por mujer…
Anoche me contaron una serie de historias que no se deben creer. Cuando me puso ceniza en la frente cruzándola, el cura afirmó que polvo era, y en polvo me convertiría. En el consultorio del doctor Brucilovsky, un buen otrorrino, de nariz gruesa y claros ojos, se me dijo que no podía estar expuesto a obras de albañilería, que ni siquiera podría sacudir mi cuarto sin haber usado antes unas gotas saladas, pues la alegría al polvo me haría estornudar. Al morir mi hermano, lo tuvimos en una urna, sin detalles y sencilla, pulcra. Dentro se encontraban las cenizas de un feto que dejó de serlo, para ser criatura, y dejó de serlo para morir, y entonces dejó de ser lo que fuera, y sólo polvo. En la primaria se me encomendaba el aseo de los estantes, y para comprobar que quedaban bien limpios, existía una absurda inspección con el dedo de una líder maravillosa. Sí, o no. Sólo eso podía decir después de la revisada. Cuando me callé por primera vez, cuando me obligaron a hacerlo sentí en la boca una parálisis que me resultaba arenosa, pero era algo mucho más delicado, no era como el granizo, era como la niebla, no era arena, era volátil, polvo. Al polvo se le da el peor de los tratos, se le extermina de fondo sin mayor prerrogativa. Existen formas para hacerlo menor, o simplemente exterminarlo. Cuando me dejó, cuando me dijo que era poca cosa, que había que ocultar lo nuestro, me sentí así, no tierra, ni líquido o lodasal, sólo polvo, que es de lo que él está hecho también. A veces me cuestiono si eso que digo es cierto, si hay que ser bacteria, o estallar, o tirar para sólo contemplar. O sólo polvo, nada más. |
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